El Reparto de la Tierra: De la Taha de Sahil a los nuevos colonos de Murtas

24 Mar, 2026 | Por: murtas.com
Murtas no siempre fue como la conocemos hoy. Hubo un tiempo en que sus laderas no estaban dominadas por el viñedo, sino por el susurro de las hojas de morera y el complejo fluir del agua.
El Reparto de la Tierra: De la Taha de Sahil a los nuevos colonos
Murtas no siempre fue como la conocemos hoy. Hubo un tiempo en que sus laderas no estaban dominadas por el viñedo, sino por el susurro de las hojas de morera y el complejo fluir del agua a través de un ingenio que todavía asombra a los arqueólogos: el sistema de acequias andalusí.

1. La herencia de la Taha de Sahil: El reino de la seda
Durante la Edad Media, Murtas formaba parte de la Taha de Sahil (la "Taha de la Costa"), una división administrativa del Reino de Granada que organizaba el territorio en alquerías. En esta época, la economía no giraba en torno al vino, sino a la seda.

El paisaje estaba aterrazado con una precisión quirúrgica para aprovechar cada gota de agua que bajaba de la sierra. Las moreras bordeaban los bancales y la cría del gusano de seda en las casas murteñas era la principal fuente de riqueza, conectando este remoto rincón de la Contraviesa con los mercados de lujo de todo el Mediterráneo.

2. La ruptura de 1570: El fin de una era
La historia de Murtas sufrió un vuelco dramático tras la rebelión de las Alpujarras y la posterior expulsión de los moriscos en 1570. El pueblo quedó prácticamente desierto; las casas cerradas, las acequias mudas y los telares de seda detenidos. Fue entonces cuando la Corona de Castilla puso en marcha uno de los experimentos sociales más ambiciosos de la época: la repoblación.

3. Los Libros de Apeo: El inventario de un nuevo mundo
Para organizar la llegada de los nuevos habitantes, se crearon los Libros de Apeo y Repartimiento. Estos documentos son auténticas "radiografías" del siglo XVI: en ellos se describía, árbol por árbol y fuente por fuente, qué pertenecía a quién. Gracias a estos legajos, sabemos hoy exactamente cómo se repartieron las tierras abandonadas para evitar pleitos entre los recién llegados.

4. De Galicia a la Contraviesa: Los nuevos murteños
A finales del siglo XVI, familias procedentes de Galicia, León y Asturias iniciaron una larga travesía hacia el sur. Estos colonos trajeron consigo no solo sus apellidos y su fe, sino también sus técnicas de labranza y sus costumbres.

Sin embargo, ocurrió algo fascinante: en lugar de borrar el pasado, los colonos se adaptaron a él. Respetaron el nombre romano de Murtas, mantuvieron el sistema de riego andalusí y aprendieron a cultivar en las empinadas laderas. Con el tiempo, ante el declive del mercado de la seda, estos nuevos pobladores transformaron el paisaje, sustituyendo las moreras por los viñedos de altura y los almendros, creando el mosaico agrícola que hoy define la identidad visual de la baja Alpujarra.

5. Un legado compartido
La Murtas actual es hija de ese encuentro. En sus calles se respira la arquitectura blanca de origen bereber, pero en sus tradiciones y en la fortaleza de su gente late el espíritu de aquellos norteños que cruzaron la península para darle una segunda vida a esta tierra. Hoy, cada muro de piedra seca (balates) es un monumento silencioso a ese esfuerzo colectivo que salvó al pueblo del olvido.
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