1. ¿Fortaleza o Molino? Un Origen Dual
Para quienes observan estas ruinas hoy, surge una pregunta fascinante: ¿Estamos ante una antigua torre defensiva o ante un molino de viento? La respuesta más probable es que se trata de ambas cosas.
Debido a su ubicación estratégica, estas estructuras nacieron originalmente como atalayas de vigilancia en la época nazarí. Formaban parte de una red visual que conectaba la costa mediterránea con las cumbres de Sierra Nevada para alertar de incursiones piratas. Con el paso de los siglos y la llegada de tiempos de paz, muchas de estas torres fueron reconvertidas en molinos harineros, aprovechando su sólida base para instalar la maquinaria necesaria para moler el cereal.
2. Anatomía de una Leyenda: Detalles Constructivos
Las fotografías familiares de mediados del siglo XX nos revelan detalles arquitectónicos clave que nos permiten reconstruir su pasado:
- El Gran Arco de Vigilancia: Destaca un imponente vano con un arco de medio punto ejecutado con maestría. Su tamaño y altura sugieren un punto de observación privilegiado, típico de las construcciones defensivas.
- Muros de Mampostería Tradicional: La estructura presenta muros de un grosor funcional (aproximadamente entre 60 y 80 centímetros), levantados con piedra local —pizarra y esquisto— trabada con mortero. Esta anchura era suficiente para ofrecer resistencia sin perder la agilidad necesaria para una construcción en altura.
- Planta Circular y Estilizada: Su forma redondeada no solo ayudaba a resistir los embates del viento, sino que facilitaba su uso posterior como molino, permitiendo que las aspas buscaran siempre la mejor racha de aire.
3. Una Ubicación entre el Mar y la Sierra
El lugar elegido para su construcción no fue casual. Situada en un punto de máxima exposición, en la famosa zona de Cuatro Vientos, la estructura se beneficia de las corrientes constantes que suben desde el mar.
Desde su base, se domina un panorama de 360 grados. En el pasado, esta visibilidad servía para la guerra; más tarde, servía para la vida social: desde el pueblo se podía ver si el molino tenía las aspas en marcha, indicando que era el momento de subir con las bestias cargadas de grano.
4. Un Escenario para la Memoria Familiar
Más allá de su valor histórico, estas ruinas forman parte del patrimonio emocional de Murtas. En las décadas de los 50 y 60, "subir al molino" o visitar la torre era el evento social por excelencia.
Como muestran las entrañables fotografías de la época, las familias y grupos de amigos acudían vestidos con sus mejores galas para disfrutar del aire puro y las vistas. Las imágenes de mujeres posando con orgullo entre los niveles de la torre o parejas paseando por sus alrededores son el testimonio de cómo un pueblo transforma una antigua estructura de vigilancia en un mirador de paz y convivencia.
Conclusión
Las ruinas de Murtas son mucho más que piedras apiladas; son un monumento a la resiliencia y al ingenio alpujarreño. Son el eco de los antiguos vigilantes y el susurro de los molineros, pero, sobre todo, son el refugio de los recuerdos más felices de nuestros antepasados, custodiando desde lo alto la historia y el corazón de un pueblo que nunca deja de mirar hacia sus cumbres.